Deixa’m que t’expliqui una història… “Robot salvaje” de Peter Brown

Des de la Sala infantil i juvenil de la Biblioteca Joan Triadú us volem recomanar alguns dels nostres llibres favorits I*** (d’ 11 a 13 anys). Històries d’humor, de fantasia, de misteri, d’aventures…

Anirem fent les recomanacions seguint l’ordre alfabètic d’autor: cada entrada del bloc, una lletra de l’abecedari. I compartirem amb vosaltres el primer capítol per enganxar-vos a la història.

Si voleu saber com continua… veniu a buscar el llibre a la biblioteca!

 

Robot salvaje / Peter Brown. Barcelona : Destino ; 2019

 

 

Cuando Roz abre los ojos por primera vez, descubre que está sola en una remota isla. No tiene ni idea de cómo ha llegado allí.

Después de enfrentarse a una dura tormenta y escapar del ataque de un oso enorme, se da cuenta de que lo único que puede hacer para sobrevivir es adaptarse y aprender de los hostiles habitantes de la isla, los animales.

Lentamente, estos empiezan a hacerse sus amigos y Roz, al fin, parecer haber hallado su hogar.

Hasta que un día el pasado vuelve para acecharla. ¿Podrá un robot sobrevivir en la naturaleza?

Una alegoría moderna sobre las dificultades de adaptarse a un nuevo hogar.

 


 

ROBOT SALVAJE

 

Para los robots del futuro

 

EL OCÉANO

Nuestra historia comienza en el océano, con viento, lluvia, rayos y truenos. Un huracán que rugía furioso en la noche. Y en medio del caos, un barco de carga se hundía

     hondo

     hondo

     hondo

     hasta el fondo del océano.

El barco dejó cientos de cajas flotando en la superficie. Pero a medida que el huracán azotaba y giraba y hacía que chocaran, las cajas también comenzaron a sumergirse en las profundidades. Las olas las tragaron una tras otra, hasta que tan solo quedaron cinco.

Por la mañana el huracán se había disipado. No había nubes, ni barcos, ni tierra a la vista. Solo había aguas tranquilas y cielos despejados y esas cinco cajas que flotaban perezosamente a merced de una corriente oceánica. Los días pasaron. Y luego apareció una mancha verde en el horizonte. Cuando las cajas se acercaron, las suaves formas verdes se afinaron lentamente en los bordes duros de una isla salvaje y rocosa.

La primera caja se dirigió a la orilla en una ola ruidosa y se estrelló contra las rocas con tal fuerza que estalló en pedazos.

Ahora bien, lector, lo que no he mencionado es que dentro de cada caja hay un robot completamente nuevo. El buque de carga transportaba cientos de ellos antes de que lo arrastrara la tormenta. Ahora solo quedaban cinco. En realidad, solo quedaban cuatro, porque cuando esa primera caja chocó contra las rocas, el robot se hizo añicos.

Lo mismo le sucedió a la siguiente; se estrelló contra las rocas y las partes del robot volaron por los aires. Y lo mismo le sucedió a la siguiente. Y a la siguiente. Extremidades y torsos de robot reventados contra las rocas. Una cabeza cayó en un charco de agua de mar. Un pie robótico se deslizó hacia las olas.

Y luego vino la última caja. Siguió el mismo camino que las demás, pero en lugar de chocar contra las rocas, llegó chapoteando entre los restos de las primeras cuatro.

Pronto, más olas la sacaron del agua. Se elevó por el aire, girando y brillando hasta que se estrelló contra un saliente rocoso. La caja estaba agrietada y arrugada, pero el robot en su interior estaba a salvo.

 

 

LAS NUTRIAS

La costa norte de la isla se había convertido en una especie de cementerio robot. Dispersos a lo largo de las rocas estaban los cuerpos rotos de cuatro robots muertos. Centelleaban bajo la luz de la madrugada y sus destellos llamaron la atención de algunas criaturas muy curiosas.

Una pandilla de nutrias marinas retozaba sobre los montículos cuando una se percató de los objetos brillantes. Todas se congelaron. Levantaron la nariz al viento. Pero solo olían el mar. Así que se deslizaron cautelosamente sobre las rocas para echar un vistazo más de cerca.

 

 

La pandilla se acercó lentamente al torso de un robot. La nutria más grande levantó la pata, golpeó con fuerza el artilugio pesado, y rápidamente retrocedió de un salto. Pero nada pasó. Así que se arrastraron hacia una mano robótica. Otra nutria valiente extendió la pata y volteó la pieza. Emitió un hermoso tintineo al chocar contra las rocas, y los animales soltaron un chillido de gusto.

Se dispersaron y jugaron con brazos, piernas y pies robóticos. Voltearon más manos. Una de las nutrias descubrió una cabeza en un charco de mar, y todas se sumergieron y se turnaron para hacerla rodar por el fondo.

Y luego descubrieron algo más. Más allá del cementerio estaba la única caja sobreviviente. Tenía los costados raspados y abollados, y un gran corte recorría la parte superior. Las nutrias corrieron por las rocas y treparon a la gran caja. Diez caras peludas asomaron por la grieta, ansiosas por ver qué había dentro. Lo que avistaron fue otro robot completamente nuevo. Pero este era diferente de los demás. Todavía se encontraba de una sola pieza. Y estaba rodeado de esponjosa espuma de embalaje.

Las nutrias metieron las garras a través de la abertura y rompieron la espuma. ¡Era tan suave y blanda…! Chillaron de emoción mientras sacaban el material esponjoso. Jirones flotaban en la brisa del mar. Y debido a la emoción, la pata de una nutria golpeó sin querer un botoncito importante en la parte posterior de la cabeza del robot.

     Clic.

Les llevó un rato a las nutrias darse cuenta de que algo estaba sucediendo dentro de la caja. Pero un momento después, lo escucharon. Un zumbido sordo. Todas se detuvieron y lo miraron. Y luego el robot abrió los ojos.

 

LA ROBOT

El cerebro digital de la robot arrancó. Sus programas comenzaron a conectarse. Y luego, todavía empaquetada en su caja, comenzó a hablar automáticamente.

– Hola, soy la unidad ROZZUM 7134, pero puedes llamarme Roz. Mientras se activan mis sistemas robóticos, te hablaré de mí.

“Una vez que esté en pleno funcionamiento, podré moverme, comunicarme y aprender. Dame una tarea y la completaré. Con el tiempo, mejoraré la forma de completar mis tareas. Me convertiré en una robot más eficiente. Cuando no me necesites, me mantendré alejada en perfecto estado.

“Gracias por tu paciencia. Ya estoy activada del todo.

 

 

 


 

 

Aquest llibre el trobareu a la biblioteca i us el podeu emportar en préstec durant 30 dies.

 

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